Tres razones por las que no hacer tras-moto

El tras-coche, esa sensación de velocidad y de profesionalismo y  que, precisamente, tanto se ve en las carreras de profesionales, también se ve en las vías públicas. Seguramente, los que más salen (salimos), también están acostumbrados a hacer algo de tras-coche o tras-moto, en el caso, de profesionales y aficionados.

En las marchas hay varios estilos de ciclistas, los que van a pasar la mañana y se olvidan de batallas, los que intentan mantenerse en el grupo principal hasta que llega la primera dificultad y ven que, o bien no va a ser el día de hacer aventuras o desisten porque, simplemente, no suben. Y, los más peligrosos, el grupo de cabeza que van a mil por hora, intentando ganar la posición antes de la subida, como en el Tour.

La situación en este grupo se resumen de la siguiente manera. Los cabestros que en llano ruedan a bloque y los que se reservan para las subidas, porque en llano no pintan absolutamente nada. Por detrás de la cabeza, todos a rueda para ir más cómodos. Sin embargo, ‘la cabeza’ se dedica a ir a muy poca distancia del coche de la Ertzaintza que abre la prueba, para ‘pillar el rebufo’.

Así se vió en la Marcha Cicloturista Portugalete, así lo vi desde la parte trasera del grupo a medida que este se iba reduciendo con los kilómetros. Y, por lógica, al ir tan pegado a los vehículos, se generan situaciones peligrosas.

Tres razones por las que no hacer tras-moto o tras-coche:

  1. La distancia de frenado de un vehículo a motor es muy superior a la de una bicicleta. Si hay quejas de las distintas frenadas entre bicicletas con discos de freno o zapatas, esta es la misma situación.
  2. El vehículo reduce la visibilidad. Es posible que con una persona de confianza en el vehículo delantero ésta nos alejará de las zonas de mal asfalto, o por lo menos, nos avisará de ello para reducir la visibilidad. No obstante, un despiste puede suponer una caída grave.
  3. Altas velocidades. El rebufo de grandes vehículos puede hacernos alcanzar incluso los 60 km./h. en llano. A esas velocidades, dificultamos mucho el adelantamiento a otros vehículos de menos tamaño y con capacidad de alcanzar mayores velocidades. Si, por ejemplo, circulamos detrás de un camión en una carretera con límite 90 o 100 km./h.
Ningún entrenamiento, ninguna velocidad media o ningún logro personal
merece la pena por asumir tanto riesgo.

Ibai Lejárraga

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Fotografía: Jonathan Cortés

Bilbao, 1992. Periodismo por la Universidad del País Vasco en 2015.

Master MBA en Dirección y Gestión de Empresas de Marketing Deportivo y Patrocinio en el Deporte por EUROINNOVA FORMACIÓN. Gestión de la Comunicación en Entidades Deportivas y Gestión avanzada de RR.SS en el Deporte por la EUROPEAN SCHOOL BUSINESS SCHOOL.

Director Deportivo en HONDARMENDI TXIRRINDULARITZA KLUBA, Director Deportivo en Ciclismo por la ESCUELA VASCA DEL DEPORTE.

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